La noche era clara y serena. La luna asomaba en todo su esplendor, una dama con todo su ropaje brillantemente perlado de celebración, lista para comenzar la danza de las estaciones, la danza de las edades que se daba siempre en su honor. Quien dijera que ella danzaba para la Tierra estaba equivocado; era la Tierra la que danzaba ensalzándola, halagándola, invitándola a bailar alrededor del fuego ceremonial, siempre atenta a sus caprichos y decisiones, siempre siguiendo el ritmo de la estela plateada en el vals interminable del ciclo de la vida, no al revés. La Diosa Anciana del bleidonii ya preparaba su tocado ceremonial para comenzar su viaje al Mundo Inferior. Todo estaba reuniéndose para presenciar el inicio del viaje de la Diosa Anciana, venerada más allá de su edad. Incluso la Luna estaba allí para acompañarla en su camino, amiga inseparable en los ciclos eternos, dando mutuamente las energías a la danza que se disponían a comenzar.
Y tú, ¿haces coaching o eres influencer?
5 years ago
